sábado, 2 de noviembre de 2013

Boda en un castillo embrujado

Cuando hace unos años Martin Cahill, un joven ingeniero de la localidad inglesa de West Bromwich, propuso a su prometida alquilar un confortable autobús para más de 40 invitados, reservar varias recámaras y organizar su ceremonia de casamiento en el castillo de Chillingham, al noreste de Inglaterra, no estaba calibrando la gravedad de su decisión.

A Cahill le había bastado con abrir la página web para sucumbir ante un anuncio de alojamiento colectivo y organización de nupcias en un entorno más que curioso, un antiquísimo castillo medieval enclavado en el condado de Northumberland, cerca de la frontera con Escocia.

Lo cierto es que de entre los 1.400 castillos rurales con los que cuenta Gran Bretaña, la pareja se había decidido por el castillo más embrujado de la isla.

Pero esto solo se supo unos días más tarde cuando, después de la ceremonia, las copas de champán, el intercambio de anillos y el bullicio que todo casamiento implica, los portones de la construcción fueron cerrados, los huéspedes se retiraron achispados a sus habitaciones y los amantes, descuidando el velo y la corbata, procedieron a pasar su primera noche como marido y mujer.

No habían transcurrido dos horas del cierre del festejo cuando unos gritos de agonía se escucharon en las inmediaciones del enorme salón que había sido habilitado para el banquete. Un invitado a la festividad, de esos que no logran dormir en casa ajena, se atrevió a retirar el rústico cerrojo de su puerta y a asomar su prominente nariz más allá del marco apropiado.

Al fondo del corredor, incluso después de haberse frotado los ojos en gesto de incredulidad pero atrapado ya por una hormigueante sensación que le subía por las piernas y le electrizaba el espinazo, el familiar descubría una imagen que nunca más desprendería de su retina: el cuerpecillo ligero de un niño de otro mundo rodeado por una extrañísima luz azulosa.

jueves, 6 de junio de 2013

El Circo de la Medianoche

Desde 1890 varias personas han contando historias, trasmitidas de generación en generación, con rumores acerca de un Circo Sombrío, con el tiempo esta historia se ha ido perdiendo, pero mi abuela me dijo lo que algún día le contaron, una historia sobre uno de sus tíos abuelos. Ella me dijo que el siguiente relato estaba escrito en su diario, el cual fue encontrado días después de su desaparición. “En una mañana como cualquiera mi abuelo y sus dos hermanos estaban ayudando a pintar el exterior de la vieja casa de mi madre, y un viejo desconocido pasó por el frente de la casa a toda prisa, avisando a todos que un circo venía a la ciudad, y aquello era algo relativamente común, mi abuelo y sus hermanos se apresuraron a la plaza central de la ciudad, donde por lo general se establecían los circos para hacer una presentación breve de convocatoria al público. Una vez allí, no había nada, ni payasos, ni carros, sólo unos carteles clavados a un poste, supongo que aquello era más interesante que si hubieran hecho una presentación, el papel de los carteles, y los carteles mismos eran muy sencillos y misteriosos. Y estaba escrito en negrita: “El circo de medianoche llegó a la ciudad. El espectáculo comienza a la media noche y termina al amanecer. ” Mi abuelo me contó que su hermano no pudo dormir esa noche. Tal vez por estar pensando en el circo y sus porqués. Los pre-adolescentes pidieron a su padre que los llevaran al circo por la noche, y a pesar del horario, el les quiso dar un voto de confianza a los muchachos que eran casi hombres. Cuando eran las once y media de la noche todos estaban todos en frente del circo observando aquella lona enorme, posiblemente con una altura de unos 15 metros, lo que era algo extraño, ya que nadie de los presentes vio cuando el circo llegó. Pero estaba allí. La tela era de azul raso, con algunos agujeros remendados por dentro, y envolviendo todos los carros y al mismo circo había una rejilla que estaba un poco oxidada, pero al final de sus lanzas tenían una estrella dorada. Todas las luces y la música eran relajantes. Nunca había visto un circo como este antes. Formaron una fila, ya que no eran los únicos curiosos en la ciudad, había un montón de gente conocida, algunos amigos con sus esposas, y un amigo de la escuela de mi abuelo. Cuando llegó su turno para comprar los boletos, mi bisabuelo dijo con su voz imponente: “Cuatro entradas, por favor.” Y el anciano golpeó por detrás de un vidrio acrílico, señalando el aviso pegado en la cabina. “Sólo mayores de 18 años.” El mayor de los hermanos tenía 16 años en aquel tiempo, entonces el padre y sus hijos se dispusieron a volver a casa inconformes. Cuando estaba por irse, el mayor de los hermanos vio dos barras grandes sueltas, por las que con certeza lograría pasar sin mucho esfuerzo… El hermano de mi abuelo le dio un codazo y dijo “Conozco esa cara, se que estas pensando en hacer una tontería” . Al día siguiente, astuto como era el mayor de los hermanos fueron al circo, que estaba totalmente en calma y en silencio, él paso por los barrotes. Empezó a caminar en el interior del circo. Entró en una de las carpas, y vio algunos trajes, y una cómoda, que le resultó interesante y terminó por abrir, allí encontró un álbum de fotos, eran imágenes de personas con discapacidades físicas, o deformes, vestidas forma festiva, había una bailarina de una sola pierna, en muletas, había un hombre enorme que parecía un gigante, con el rostro deformado, el hombre más gordo que había visto en su vida, usaba pañales, y las gemelas siameses con un rostro angelical. En ese momento supo que no era un circo típico, sino un circo de los horrores. Fue a una tienda de al lado, y había algunas pertenencias de los artistas, una de ellas le llamó mucho la atención, era un reloj de oro, con una bailarina en las agujas. En ese momento le pareció oír pasos que se acercaban hacia él, luego salió de la tienda, pasando por la rejilla y huyo corriendo. Cuando llegó a casa le mostró el reloj a mi abuelo, aseguró que lo había encontrado en la calle, pero era un objeto muy hermoso para que simplemente fuera arrojado por ahí, por lo que le advirtió que debía dejarlo de donde lo tomó, su hermano se enfureció diciendo que no lo había robado, y que no pertenecía a nadie. Esa noche tuvo un sueño muy perturbador, soñó que la bailarina del reloj, estaba en la habitación de los hermanos y que le cortaba los brazos y las piernas con un machete. Se despertó muy asustado, contando el sueño a toda la familia, sus padres le dijeron que no se preocupara, que era sólo porque había estado viendo muchas historietas de terror. El hermano mayor no se quedo tranquilo, permaneció mirando por la ventana en dirección hacía el circo, que no podía ser visto de tan lejos que estaba. Pasó sus últimos días escribiendo en su diario, cosas que solo hasta después descubrimos. Una noche, debían de ser aproximadamente las dos de la mañana, cuando él (el hermano mayor) se levantó de la cama y saltó por la ventana … Mi abuelo corrió a la ventana para ver a dónde iba, se dirigía a toda prisa en dirección al circo. Mi abuelo se puso la botas y le siguió, parecía aturdido, se tambaleaba y tenía los ojos casi cerrados, le llevó al menos media hora hasta que llegaron al circo. El hermano mayor entró en la tienda en frente, sosteniendo el reloj en la mano, sin ni siquiera comprar un boleto para entrar. El vendedor de boletos vi a mi abuelo espiando a través de la parte delantera de la tienda de campaña de lona y lo corrió de ahí. Se dirigió a la parte posterior del circo y siguió en su labor de espía para ver si lograba ver a su hermano, esperó hasta el amanecer. Cuando dieron las cinco y media de la mañana, oyó un gran clamor en el lado derecho de la carpa, se dio cuenta de que había otra rejilla suelta y paso a espiar a través de la lona. Y allí estaba su hermano, había sido capturado por dos payasos muy raros con el rostro deformado, ellos lo tenían asegurado, pero el chico no parecía estar despierto. Fue entonces cuando una bailarina sin piernas entró en la lona con un machete cortó los brazos y las piernas del pobre muchacho. Mi abuelo dice que salió llorando y corriendo tan rápido como pudo, regresó a casa todo sucio y sudoroso, y los padres enojados le preguntaron si había una explicación para aquello, y le dijo todo lo que había visto, y sobre el reloj . El padre de mi abuelo llamó a la policía, para que fueran a buscar a su hijo al circo, pero cuando la policía llegó al lugar ya no había rastro del circo en el sitio. Mi abuelo casi se volvió loco, pero fue entonces cuando encontró el diario y pudo conocer la verdad acerca de lo que su hermano estaba sintiendo y sobre sus pesadillas … Y llegó a una conclusión terrible. Su hermano ahora era una más de las aberraciones de aquel circo, que castigaba a los que robaban, haciéndolos uno de ellos … arrancándoles algo que apreciaban.

El Baile (historia real)

Que tal Bakunos, estaba leyendo las historias que tienen aquí y me acorde de una historia que me contó mi abuela (que en paz descanse) sobre algo que le paso a su padre. Disculpen por la mala ortografía/gramática (especialmente los acentos!) y la narración, pero el español no es mi idioma fuerte. Mi abuela acaba de fallecer hace unas semanas, pero llego a tener 89 años. Si mal no recuerdo esto paso cuando ella apenas era una niña, por lo tanto fue entre 1924-1939. El padre de mi abuela tocaba en un grupo local. En una noche el grupo estaba intentando de encontrar a alguien que los contratara, pero no tenían suerte. Ya casi a media noche se iban a dar por vencidos y mejor irse a su casa para descansar y seguir al día siguiente. Cuando estaban a punto de irse a su casa se les arrimo un hombre. El hombre lo describieron como alguien opuesto, vestido muy elegante y alto. El hombre les dijo que si andaban buscando trabajo, los músicos contestaron que si. El hombre les dijo que el los contrataba para una fiesta que iba a tener. El hombre los encamino hacia una casa muy grande y elegante que parecía ser mansión. Esto era algo raro ya que los músicos no recordaban haber visto esa casa, pero como no habían tenido éxito en encontrar a alguien que los contratara, no le pusieron mucha atención a la casa. Cuando llegaron a la casa, el hombre les dijo que les iba a pagar con dinero y botellas de tequila. Les dio una bolsa que contenía el dinero y el tequila, ya que todos estaban contentos se metieron a la casa y comenzaron a tocar. Cuando empezaron a tocar se percataron de dos cosas. Una, en la parte de la casa donde estaban tocando tenia muchas puertas cerradas. Y dos, no había nadie. A los cuantos minutos de estar tocando se abría una puerta y salia una pareja bailando. Al estar bailando se metían a otra puerta y salia otra pareja de otra puerta y así fue por toda la noche. Algo que notaron fue que alguna de la gente que salia de las puertas eran conocidos que no habían visto ya hace años/ el grupo se hablaba entre si y estaban algo contentos porque estaban tocando a amigos y conocidos, pero se les hizo raro que la gente que salia bailando se veía muy triste. Después de un rato de estar tocando se dieron cuenta de que alguna de la gente que salia de las puertas era gente que ya había fallecido, al darse cuenta de esto el grupo salio corriendo de la casa. Al estar afuera de la propiedad voltearon a ver la casa y se vieron que lo que ellos pensaron que era una casa resulto ser un terreno con una casa abandonada y fea, nada a lo que habían visto antes. Se fijaron en la bolsa que les había dado el señor y vieron que el dinero eran puros huesos pero el tequila seguía. Escucharon unos ruidos y voltearon a ver a la casa y vieron a un chango muy grande que estaba bailando y haciendo sonidos, al ver esto, el grupo salio corriendo a sus casas. Al llegar a la casa mi abuela dijo que su papá llego muy asustado y pálido y que le dijo a su familia que se pusieran a rezar el rosario. Mi abuela dice que su papá le decía que esa noche le habían tocado al demonio.

La chica del perro (Historia de Terror)

Esta es la historia de una chica. Una chica que cumplió los veinte años y, como regalo de cumpleaños, su padre le concedió una casita en el campo, concretamente en la cima de una colina. Recién mudada en la casa de sus sueños, acababa de instalarse en su chalecito en el monte con un único acompañante: su perro, un bonito pastor alemán. Cumpliendo la primera noche en su nueva casa de forma poco original (viendo la tele) se sorprendió al ver en las noticias que un asesino demente al que se le acusa de haber asesinado brutalmente a su familia y vecinos, había escapado esa misma noche hace dos escasas horas del manicomio de la colina contigua en la que se situaba su chalecito recién estrenado. Esto provoco un gran pánico en la veinteañera, que decidió acostarse, dada la hora que era. Tuvo que dormir en el sofá del salón, pues su cama aun no había sido instalada, lo que la incomodó aún más. Pasaron unos m minutos cuando... ¡BRAUMM!, sólo un trueno. Cuando el miedo la poseía, bajaba la mano para que su perro la lamiera, lo que le producía tranquilidad. De repente, sonó un crujido. Bajo la mano...y el perro se la lamió... no pasaba nada. Otro crujido... esta vez más fuerte. Entonces se oyó un ruido de madera rompiéndose seguido de lo que pareció el ruido de la puerta al abrirse... la chica, intentando convencerse a sí misma de que había sido producto de su imaginación, bajó la mano del sofá y la sensación de tranquilidad volvió de nuevo al notar la lengua de su querido perro recorrer su piel. Apenas pasaron unos segundos cuando se oyeron pasos. Silenciosos pasos que retumbaban con la fragilidad de un vaso de cristal fino en los oídos de la muchacha. A continuación le pareció oír una especie de goteo continuo: CLOC... CLOC...CLOC... No quería levantarse, tenía miedo, así que bajó la mano para que el perro se la lamiera. Pero aunque le lamiera las manos toda la noche el goteo seguiría ahí: CLOC...CLOC...CLOC... a si que decidió levantarse a buscar la gotera. Empezó por la cocina, pero no había ninguna gotera ahí. Miró por todos los grifos de la casa y por los baños, pero no encontró ninguna gotera. Sin embargo el ruido de goteo seguía ahí: CLOC...CLOC...CLOC... Decidió irse a dormir y buscar el goteo por la mañana, que se veía mejor. Pero el endemoniado ruido no la dejaba dormir. Bajo la mano para que su perro la lamiera antes de levantarse, y entonces cayó. Aún no había mirado en el lavadero del garaje. Emprendió camino hacia el lavadero y en cuanto abrió la puerta deseó no haberlo hecho nunca: vio a su pastor alemán ahorcado con gotas de sangre goteando por su cuello, lo que provocaba el ruido. Pero, os preguntareis, si su perro había estado muerto desde el goteo, ¿quien le chupaba la mano a la chica? ¡EL LOCO!!!!!!!!

El vaso de agua

Paso hace aproximadamente 3 años. Me encontraba con mi esposa fuera de la casa se podria decir que en el "jardin", escuchando musica y tomando algunas cervecillas. En ese entonces teniamos poco tiempo de habitar la casa como 2 meses, la colonia era nueva y esta hubicada aproximadamente a unos 150 - 200 mts de el panteon de valle verde aqui en Monterrey, Nuevo Leon, mi casa es la tercera de la esquina, despues de la esquina esta un terreno valdio y ya despues el panteon. Pues estabamos platicando y me dice mi esposa "mira" y haciendome una seña con la cabeza que volteara hacia la esquina, volteo y veo a una chava que viene caminando por la calle caminaba despacio y con la cabeza hacia abajo, la chava iba vestida con pantalon mezclilla, blusa, pero iba descalza, en ese momento comentamos mi esposa y yo que quisa andaba drogada o algo. Total segui con mi esposa platicando, cuando la chava pasaba por enfrente de nosotros escuchamos que venia llorando a lo que le comente a mi esposa que le preguntara a la chava si necesitaba algo, si se encontraba bien. Mi esposa me dijo que no que si queria le preguntara yo, note como un poco de enojo de parte de mi vieja pero me insistio y me dijo andale ve a ver que onda. Cuando iba a alcanzar a la chava que ya habia adelantado algunos metros de donde estaba con mi vieja, le pregunte disculpa te encuentras bien? y no me respondio, intente de nuevo, te encuentras bien?, ella volteo hacia mi, levantando la cabeza y haciendo su cabello hacia un lado, me respondio No!, le pregunte si le podia ayudar en algo y ella me dijo que estaba perdida, que no tenia idea de donde estaba, le pregunte donde vivia ella para ver si la podia orientar y me respondio que no sabia, yo estaba confirmado que la chica estaba drogada o padecia de sus facultades o algo por el estilo. Note que la chava no dejaba de verme a los ojos en ningun momento y mi esposa que para ese entonces nos habia alcanzado se estaba incomodando ("Lo note enseguida jajaja") por las miradas que me tiraba la chava esta. En lo que estaba pensando que hacer con esta chava, como ayudarla de pronto dice tengo mucha sed y la invita a el jardin de mi casa para ofrecerle un vaso de agua, de pronto pidio otro y otro y cuando le di este tercer vaso de agua la chica se dio media vuelta y continuo su camino asi sin decir adios, gracias o algo. Ademas se llevo el vaso jajajaja mi esposa me estaba haciendo caras para que le quitara el vaso, y yo le deje dejaselo la pobre anda que no sabe ni que onda. Segui platicando con mi esposa, escuchamos musica y seguimos tomando cerveza, mi esposa no perdia oportunidad de hacermela de pedo que por que muy amable con la chava, que no me dejaba de ver etc, ya saben como son la rucas, total nos fuimos a dormir y todo normal. Depronto ya de dormido me despierta un grito, fuerte, desesperado, era mi esposa, al escuchar el grito pues que me levanto todo asustado y sacado de onda y le pregunto que que paso, no terminaba aun de preguntar cuando volteo hacia los pies de la cama y estaba la chava , estaba parada al pie de la cama viendome fijamente, yo reaccione y le grite "Que chingados quieres aqui, salte de aqui inmeditamente hija de tu puta madre !!!!" y ella solo dijo "gracias por el agua" y se agacho de tal forma que ya no la vi, como si se hubiera metido bajo la cama, mi vieja seguia gritando de miedo y yo baje de la cama para sacar a la chava, me asome de bajo de la cama donde supuse se habia metido la chava, pero solo para sentir el peor sentimiento que habia tenido en mi vida, un miedo extremo, algo inexplicable, no habia nadie la chava no estaba por ningun lado mi esposa se me quedo viendo a los ojos con mucho miedo y me dice que paso y yo solo atine a decirle "No esta" en ese instante mi esposa se desmayo. Baje corriendo las escaleras y entre al baño para buscar el alcohol en el botiquin, lo encontre tome algunos algodones y cuando me di la vuelta para ir a atender a mi esposa, hay estaba de nuevo la chava en la sala mirandome fijamente, me sonrio y volteo hacia una pared en la que tenemos un cuadro en la que aparecen unos niños jugando, apunto hacia uno de los niños y me dijo "Ese es tu tipo!" seguido apunto hacia otro de los niños y dijo " Y esta es tu conciencia!", volteo hacia mi de nuevo me sonrio y me dijo "gracias" camino hacia la otra pared ("la pared que estaba a su espalda") y se perdio. No se cuanto tiempo tarde en recuperarme de la impresion, sentia mi corazon agitadisimo, como si fuera a salir de mi, no podia moverme, de pronto reaccione y fui a atender a mi esposa que aun estaba desmayada, la reanime y nos fuimos en chinga a dormir a casa de mis suegros. al dia siguiente regresamos a la casa y todo continuo normal (Excepto por las largas noches de insomnio). Lo unico que hizo que me dieran escalofrios de nuevo fue el encontrar el vaso que se habia llevado la chava bajo la cama.

El Hotel

Hace once años en vísperas de mi vigésimo quinto cumpleaños se me ordenó asistir a un congreso sobre medicina en la ciudad de Granada, España. Desde entonces había anhelado visitar la mítica Andalucía, provincia que me traía tantos recuerdos de mis viajes con mi padre alrededor de la península ibérica. Durante un largo viaje en avión de ocho horas me dispuse a recordar mis vivencias en aquella bohemia ciudad al lado de mi padre, un turco mercader que hablaba un perfecto andaluz; no pude evitar recordar nuestra estancia en el Hotel Alixares que se sitúa en la Alhambra, donde conocí a Jacinto, un niño de unos ocho años con el cual solía jugar dentro del hotel mientras mi padre se iba a vender sus productos al centro histórico de la ciudad. Jacinto y yo jugábamos hasta cansarnos en la piscina del hotel, dentro del mismo, solíamos molestar a los botones, a las recamareras quienes solían perseguirnos enfurecidas por los pasillos luego de levantarles las faldas, fueron recuerdos muy gratos de mi niñez, pero algo no me cuadraba en ese asunto, y era el recuerdo de una fría noche de diciembre en vísperas de año nuevo. Mi padre, enfermo de gripe, esa noche había salido a vender sus prendas gitanas al centro histórico y recuerdo que estaba con mi amigo Jacinto en la habitación de su familia, ellos planeaban regresar a su ciudad natal esa misma noche y se encontraban empacando sus pertenencias, yo estaba en la cama ayudando a su madre a guardar las prendas recién lavadas en sus enormes maletas de cuerdo mientras Jacinto ayudaba a su padre a guardar una especie de documento en otras maletas más elegantes, de pronto algo ocurrió, recuerdo que tocaron la puerta de la habitación y una voz ronca les pidió que le abrieran, de un momento a otro toda la familia quedó paralizada y no pude entender que era lo que pasaba. Lo próximo que recuerdo de ese encuentro fue que mi padre se encontraba corriendo por callejones oscuros y fríos, tomándome fuertemente de la mano y sin tantear en sus pasos. Al llegar a la ciudad lo primero que hice fue pedirle al taxista que me condujera al Hotel Alixares. Me sorprendió descubrir que lucía justamente como lo recordaba, el elegante pórtico de mármol, los pasillos elegantemente iluminados, el comedor con sus mesas decoradas con manteles blancos y la piscina del patio que en aquel entonces me parecía infinita, ahora lucía mucho más pequeña. Al entrar todo me pareció tal familiar, incluso podría afirmar que los botones, recamareras, encargados y meseros eran las mismas personas que estaban cuando era joven. Al llegar me dieron la habitación 127, que se encontraba en el ala este, en el tercer piso. Al llegar a la habitación no pude evitar sentir cierta nostalgia ya que lucía justamente como la que nos tocó a mi padre y a mi el tiempo que pasamos en la Alhambra, me recosté en la enorme cama sin siquiera desempacar mis pertenencias, me encontraba exhausto por el viaje. En sueños me encontré a mi mismo hacía 14 años atrás en ese mismo lugar; me encontraba en la cama de la habitación mirando un rincón de la misma, solo el foco de techo se encontraba prendido, de pronto al voltear a un lado cerca de la puerta se encontraba Jacinto, al verme dio unos pasos hacia la ventana de la habitación y se detuvo, me miró de nuevo y con una sonrisa bajó su mirada al suelo de la habitación, y con un gesto de su cabeza me indicó que mirara, en ese momento desperté, ya era de noche y el bullicio de la ciudad había cesado. El silencio de la habitación era un tanto incómodo, me quedé un momento tratando de volver a quedar dormido pero no pude. Salí de la habitación y me dirigí a la cafetería por unos bocadillos. Traté de tomarme un café en la terraza, pero el frío era algo que no soportaba así que me metí al hotel y me dirigí a la habitación para desempacar mis pertenencias. Faltaban todavía dos días para la conferencia así que a la mañana siguiente me dispuse a recorrer la ciudad, me dirigí al centro histórico donde alguna vez acompañé a mi padre en sus arduas horas de frío tratando de vender algo a las personas que pasaban indiferentes por su puesto. Todo parecía tan distante de aquella época, en tan poco tiempo todo se había llenado de comercios, automóviles, personas haciendo de todo, sin duda era algo más de lo que me imaginaba. Pasaron las horas y decidí volver al hotel, sin siquiera imaginar que esa noche ocurriría algo tan extraño que marcaría un antes y un después en mi vida, un suceso que nunca podré olvidar por más que quiera. Era ya de noche y me encontraba en mi habitación con solo la luz del techo encendida, quieto con mis pensamientos tratando de llegar a la hora de dormir, traté entonces de ver la hora en mi celular cuando torpemente lo solté y calló bajo la cama, al recogerlo pude distinguir una mancha en la pared detrás de la mesita que estaba al lado de la cama, la toqué y me di cuenta que en realidad le faltaba un pedazo a la pared y trataron de cubrir la imperfección con los muebles. Movido por la curiosidad y la ausencia de interés por cualquier cosa me dispuse a mover la mesa para ver hasta donde se extendía el daño, para mi sorpresa había un enorme hueco que conectaba mi habitación con la habitación de al lado. Impactado y enfurecido por el descubrimiento decidí comunicarlo a algún encargado, pero no pude localizar a ninguno en los alrededores y el camino al vestíbulo era muy largo, entonces decidí darle la noticia al huésped de al lado, para mi sorpresa nadie contestó, en ese momento un hombre me tocó el hombro para que lo atendiera, se trataba de un botones algo mayor de edad que me dijo que no había nadie en esa habitación y nunca más habría, al preguntarle la razón me dijo que hacía muchos años había ocurrido un fuerte incidente en esa habitación donde murieron tres personas y desde entonces habían sellado la habitación. Al escuchar la noticia olvidé por completo el incidente con el hueco, ya que entonces comprendí que en realidad aquella habitación sellada se trataba de la habitación donde me encontré la última vez con Jacinto y su familia, no pude creerlo en ese momento y al volver a la habitación me encontraba indeciso sobre dejarla o investigar que fue lo que ocurrió aquella noche. Me encontraba a la orilla de la cama, meditando lo sucedido y observando el hueco, que entonces me pareció de lo más tétrico y misterioso, entonces ocurrió; justo al lado del hueco había algo escrito, una palabra que me heló todo el cuerpo y que me hizo retroceder impactado con el corazón palpitando descontroladamente: justo al lado del hueco había una palabra... "Jacinto". No podía entenderlo, qué significaba todo ello? en ese momento recordé de nuevo el sueño que tuve la noche pasada, y salí corriendo de ese lugar, me dirigí a la terraza donde prendí un cigarro para calmar los nervios. Medité durante horas lo sucedido, eran casi las doce de la noche y me encontraba exhausto. Decidí dejar las cosas a un lado y volver a mi habitación. Con una incertidumbre insaciable abrí la puerta y coloqué la mesita de nuevo en su lugar, tapando el hoyo. Poco pude dormir esa noche ya que cada vez que lo hacía tenía en seguida el mismo sueño donde Jacinto aparecía en la entrada de la habitación, se dirigía a la ventana de la misma y sonrientemente me indicaba que mirara el suelo, pero al hacerlo despertaba y al volver a dormir ocurría lo mismos. La mañana llegó y me dirigí al comedor a desayunar. Al volver a la habitación recibí la llamada de mi jefe, necesitaba que le mandara unos documentos por fax, lo cual me tomó bastante tiempo ya que apenas conocía la enorme ciudad. Al atardecer volvía la habitación, decidido a dejar a un lado todo aquello y prepararme para la conferencia del día siguiente, donde tenía muchas preguntas pendientes que hacer. El Sol aún brillaba en el horizonte, eran casi las cinco de la tarde y ya había terminado con todo el cuestionario, me quedé observando el bello atardecer sobre las montañas nevadas cuando percibí un pequeño haz de luz que penetró la ventana e iluminaba justo el lugar donde Jacinto me indicaba que mirara en mis sueños. Sencillamente me pareció algo difícil de creer que estuviese pasando todo eso. Pude ver una pequeña luz que salían del hueco en la pared; era el reflejo de la ventana en la otra habitación y de un momento a otro removí la mesita y me asomé por el hueco. La habitación se encontraba en perfecto estado y se sentía un aura de paz y tranquilidad que me inquietaba bastante. Siendo un médico gastroenterólogo suelo basar mi alimentación en una dieta controlada y ejercicios constantes, por lo cual en ese entonces era una persona sumamente lánguida. El hoyo en la pared se extendía lo suficiente como para permitirme el acceso al mismo. Sin pensarla dos veces me llené de valor y me adentré al tétrico cuarto, parecía todo tan normal que ni siquiera me percaté de que fue en ese lugar donde aconteció aquel macabro suceso. La habitación lucía como nueva, lista para que alguien la ocupara en cualquier momento. Traté de dirigirme entonces al baño cuando de pronto un frío aire rozó mi cuello. Un escalofrío me cubrió al momento de escuchar un pequeño susurro que me decía: "Al baño, al baño, al baño... ". Era casi de noche y aún estaba paralizado por el miedo, no podía pensar con claridad y mis músculos no respondían. Los últimos rayos del sol vislumbraban con una tenue luz los objetos de la habitación y lentamente salí por el agujero hacia mi habitación. Esa noche salí del hotel sin siquiera tomar mis cosas, simplemente abrí la puerta de la habitación, pasé por el vestíbulo, no respondí siquiera a los llamados del encargado. Abordé un taxi, pero no supe decirle a donde llevarme, simplemente quería estar lejos de ese lugar. De pronto me di cuenta que la cartera la había olvidado en mi habitación, no podía creerlo. Salí del taxi y me dirigí al vestíbulo y me quedé parado junto a la enorme entrada, no sabía que hacer en ese momento, cuando veo al mismo anciano que vi la otra noche, al verme se dirigió hacia mi y con un gesto de preocupación me preguntó si todo estaba bien, por supuesto que no. Decidí contarle sobre el hoyo en la pared y que no pensaba volver a ese lugar. Angustiado me pidió que lo condujera a la habitación para verlo con sus propios ojos, ningún otro residente había comunicado algo sobre ello anteriormente. Los dos nos dirigimos de nuevo a la habitación que se encontraba abierta de par en par, olvidé cerrarla al salir. El hombre entró primero y encendió la luz y pegó un salto cuando observó la enorme apertura que comunicaba ambos cuartos. En seguida me dijo que me darían otra habitación sin demora alguna, pero era ya muy noche y estaba exhausto, y a decir verdad ya me había tranquilizado un poco, no solía ser de aquellos que creen en ese tipo de cosas debido a mi educación, así que le pedí simplemente que trataran la falla para la siguiente vez. Lo despedí sin hacer caso de sus quejas y cerré la puerta. Solo era esa noche, pensé, solo fue mi mente la que me jugó una mala pasada debido a que no pude dormir bien la noche anterior, necesitaba dormir bien para el día siguiente. Me acosté y pronto me fui quedando dormido. Volví a soñar de nuevo, esta vez Jacinto y yo nos encontrábamos platicando en el vestíbulo que estaba completamente vacío. El me contó que desde hacía unos días atrás su padre había ganado una fortuna en unos negocios que realizó y que con ese dinero le compraría una casa enorme y todos los juguetes del mundo, yo me sentí ofendido debido a que mi padre apenas podía vender los suficiente como para alimentarlos a ambos. El sueño continúo y entonces ambos nos encontrábamos en su habitación la noche del incidente, yo me encontraba ayudando a su madre y el ayudaba a su padre a guardar un enorme folder y muchas carpetas en un elegante maletín, todos lucían muy tensos, como si estuviesen esperando que algo pasara, cuando de pronto alguien derriba la puerta, un enorme hombre. Jacinto y yo esta vez nos encontrábamos en mi habitación, el estaba a mi lado hincado y yo me encontraba sentado con la cabeza entre los brazos llorando desconsoladamente, el trataba de animarme; no puedo recordar sus palabras, pero recordé que me indicó que no me preocupara, que el maletín se encontraba escondido, su padre había alcanzado a esconderlo. Luego se digirió unos pasos hacia la ventana de la habitación y me indicó con la cabeza el suelo, cerca de la ventana, ahí se encontraba el maletín. En ese momento desperté alterado, alguien se encontraba en mi habitación. Estaba todo oscuro y no pude distinguir quien era, simplemente tumbó la mesita de noche que cubría el hueco y se metió en el. En ese momento salté de la cama y encendí el foco, se escuchaban muchos ruidos en la otra habitación, pregunté quien era, y en ese momento el ruido cesó. Me quedé quiero tratando de escuchar de nuevo, pero ya nada pasó. Pude ver entonces el reflejo de la luz en la otra habitación, alguien había encendido los focos. Pregunté de nuevo quien era, pero no respondía. Me asomé por el hueco y escuché un leve susurro: "El baño... el baño... el baño". Los focos se apagaron y pude escuchar unos pasos que e dirigían lejos de mi habitación. En ese momento estaba harto de todo ello, eran las dos y media de la noche y no había podido dormir casi nada, tomé una linterna médica y un bisturí de un maletín de primeros auxilios que cargaba siempre conmigo. Iluminé la habitación, no había nadie, decidí entrar para acabar de una vez con toda esa mierda. El viento soplaba fuertemente y retumbaba en las ventanas, era una fría noche. Tanteé un momento sobre lo que haría después, trataba de convencerme de que todo el asunto era simplemente un juego de mi imaginación y nada mas. Encendí la luz de la habitación, todo lucía normal. Lentamente me dirigí a la puerta del baño cuya luz estaba encendida. Debajo de la puerta pude ver la sombra de alguien que caminaba y exaltado pregunté quien era, pero nadie respondía. Retrocedí y vi el hueco, quise retirarme pero me armé de fuerzas y abrí de un golpe la puerta del baño, el espectáculo era atroz. Una aguda luz amarillenta iluminaba una escena de muerte y putrefacción. El lavamanos estaba bañado en sangre seca, el inodoro estaba hecho pedazos, el espectáculo era repulsivo. Por supuesto para un médico recién egresado eso no era motivo para sentirse impresionado, lo que me impresionó era que toda la habitación lucía tan bien menos ese lugar. La tina estaba cubierta por una cortina casi transparente que entre luz dejaba ver la silueta de un niño que se movía, me quedé impactado. Un enorme estruendo sacudió de pronto la habitación, justo a mi lado y la silueta del joven desapareció. El ruido me derribó un momento, caí de rodillas tratando desesperadamente de recuperarme, me levanté y en un segundo descubrí la tina, estaba llena de sangre putrefacta, más que las otras partes del baño, en ese lugar habían matado a alguien. Inmerso en un aura de incertidumbre me dispuse a investigar un poco más la habitación, cuando escuché unos pasos que se detuvieron justo detrás mio. De nuevo sentí ese paralizante escalofrío recorrer todo mi cuerpo y al voltearme lo pude ver, no de forma clara, pero de alguna forma sabía que estaba ahí. Con un nudo en la garganta pregunté qué había pasado, no la pensé dos veces y retrocedí por la entrada, salí del baño y en la habitación pude ver un escalofriante destello de mi padre, cargaba un arma en su mano. Lo recordé de pronto, todo lo ocurrido. Mi padre esa noche se encontraba enfermo y había salido a vender sus prendas fuera del hotel, me había dejado encargado con los padres de Jacinto en lo que el volvía, por supuesto nunca salio realmente del hotel, los guardias no lo vieron salir nunca, tal vez ese fue su error. El padre de Jacinto era un hombre inteligente, sabía esconder muy bien sus riquezas y en el último momento lo había logrado. Durante mi niñez, después del accidente mi padre y yo vivimos en el exilio, comíamos basura y dormíamos cubiertos por hojas secas y piedras, el padre de Jacinto me había prometido una pequeña cantidad de su dinero y unas cartas de recomendación propias para que mi padre pudiera alimentarme y conseguir un buen empleo, pero mi padre nunca supo de eso ya que justo en el último momento me lo había hecho saber y ese dinero y documentos eran lo que Jacinto y su padre guardaban emocionados antes del accidente, era un regalo para mi y mi padre. No pude contener la tristeza y el ahogo debido a como habían resultado las cosas, mi padre siempre fue un hombre que quiso lo mejor para mi y de hecho era el único al que realmente le importaba. Aquella noche ninguno pudimos reconocer su voz debido a que se encontraba ronco por la enfermedad, por tal motivo decidieron esconder sus cosas debajo de una madera que se encontraba rota al lado de la ventana, en ese momento mi padre abrió la puerta con un arma en su mano y me pidió que fuera a su lado, ninguno lo podíamos creer. Esa noche no consiguió más que un par de joyas de la madre de mi amigo, salimos del hotel a toda prisa, sin despedirnos siquiera de los encargados ni guardias, corrimos toda la noche por toda clase de lugares tratando de esquivar las patrullas y policías hasta salir fuera de la ciudad. Dentro del baño, a un lado del inodoro, se encontraba una vieja nota en la que se alcanzaba a leer: "Toma el dinero y vete lejos, y nunca des la vuelta hasta salir del hotel", no pude comprender esa última parte. Salí del baño y pude verlo, estaba en la entrada de la habitación, se dirigió hacia la ventana y con un gesto me indicó donde se encontraba el dinero. A diferencia de mis sueños, donde el lucía alegre y tranquilo, ahora tenía un aspecto sombrío y triste, me dirigí hacia el y se fue desvaneciendo lentamente. Con un golpe ligero logré levantar la tabla, en ese momento me pareció increíble que los dueños del hotel hubiesen dejado las cosas de ese modo, no quisieron romper con la buena reputación de sus instalaciones. Tomé un maletín de cuero muy elegante y pesado, en ese momento sentí un escalofrío terrible en todo mi cuerpo y una voz de un niño triste me susurró al oído: "no voltees hacia atrás, no voltees hacia atrás"... Salí de ese lugar y de mi habitación sin siquiera tomar mis cosas, solo con el maletín. Bajé por el ascensor sintiendo un frío intenso detrás mio. Me dirigí al ala principal y salí del hotel por el vestíbulo, en ese momento giré la cabeza hacia la entrada y pude ver a mi padre. Todo recuerdo que tuve de el alguna vez, de ese hombre cariñoso y trabajador que siempre cuidó de mi hasta en los peores momentos se borraría para siempre de mi, sería reemplazado por la visión de un hombre despedazado y torturado que gritaba a todo pulmón "Perdón! Perdón!" en la entrada al vestíbulo del Hotel Alixares en la Granada española.

Amanda, espíritu del más allá deseoso de un hombre

Amanda era una chica callada y seria, de recién ingreso a la empresa y con esa cara guapita llamaba mucho la atención, siempre la miraba a los ojos buscando una explicación a su personalidad, cuando la capacité rocé sus manos un par de veces, vi que era muy fría, con la temperatura casi de un cadáver, no quice preguntar para no incomodar pero eso obviamente no era normal. No te das cuenta de las cosas hasta que las analizas bien, ella no iba al baño, ni tomaba agua, ni tampoco tenía celular, algo muy raro en una chica linda, me empecé a clavar con esta mujer muy rápido, al grado de que a las dos semanas ya la había invitado al cine pero nunca aceptó ir conmigo, eso me hizo obsesionarme más con ella. Empezó a llegar tarde, la regañaba pero cada día era mas el tiempo que llegaba después de su hora de entrada, una vez tuve que regresarla y le dije que corría el riesgo de perder el empleo por sus llegadas inpuntuales. Tuvo 3 ausencias después de eso, ya estaba prácticamente fuera de la compañía, pasando esos días se presenta muy apenada disculpándose conmigo, le dije que al final del día hablaría con ella, era todo, tenía que correrla. Cuando se fue el último empleado le dije que me apenaba la situación pero mi deber era darle las gracias, lloró tanto que sentí lástima, vi que era mi oportunidad y no dejaría pasarla por nada del mundo, le ofrecí callar sus retardos y sus faltas si estaba dispuesta a complacerme, ella me miró extrañada, aunque después de 5 segundos entendió el mensaje, pasé al sanitario y cuando había salido las persianas de la oficina estaban abajo y ella estaba sentada en mi escritorio cruzada de piernas y... desnuda, ahora que lo pienso no se como diablos hizo eso en un minuto, me acerqué a ella y no me dijo nada, solo abrió sus brazos para que fundidos en un abrazo empezáramos el acto de amor que tanto había deseado con ella. Después de esa ocasión nuestros encuentros se volvieron más frecuentes, al grado de que la oficina se volvía motel de paso 3 veces a la semana, ¿quién podría negarse al fruto prohibido de una mujer tan hermosa como Amanda? lo único que no me gustaba era el tono de su piel (pálido como muertito del Semefo) y su temperatura corporal, era como cogerse el suelo, fría como la chingada, cuando tienes sexo indudablemente te pones y pones caliente a tu pareja, ella por más excitada que la veía no podía sentir su calor femenino, por lo demás no tenía queja. Toda buena historia tiene su final pase lo que pase, Amanda me propuso que dejara a mi esposa para vivir juntos nuestro amor, la idea ya no me pareció tan buena por mis hijos, se lo hice saber y me dijo que me arrepentirá, me dijo muchas groserías, me arañó la cara, me dijo que ya no me podía separar de ella, que estaría conmigo hasta la muerte, eso me dio miedo no por las palabras sino por la expresión en su rostro, como un demonio enojado leyéndote tus últimas palabras, la tuve que correr de la empresa para que no me provocara problemas y a mi esposa le dije que una triste loca del trabajo se había obsesionado conmigo, previniendo cualquier eventualidad y en el futuro, si pasara, negarlo todo. Al otro día Amanda ya no se presentó a trabajar, pasaron los días y no tuvimos noticias de ella, un poco preocupado y extrañando esas carnes la busqué en su celular pero éste me marcaba inválido, el teléfono de su casa desconectado, su correo se regresaba y lo más escalofriante fue lo que descubrí al irla a buscar a su domicilio, un predio abandonado desde hace años según me informaron los vecinos, al preguntar por la chica con los lugareños ellos me dijeron haber conocido a una chica del mismo nombre en esa casa, jovial y alegre hasta que su papá celoso de que tuviera tantos pretendientes la mata y la descuartiza, para evitar a la ley éste la mete al refrigerador hasta que se descompone y la peste alerta a los vecinos, ella siempre fue muy fría, ahora se porqué. La he soñado bastantes veces y eso me ha provocado insomnio, en todos los sueños es lo mismo, la veo a lo lejos, me mira, me grita y se convierte en un esqueleto, ya no se que hacer, he ido a la iglesia, al psiquiatra, tomé pastillas que inhiben el sueño pero nada resulta, no se que más miedo me da, el saber que tuve sexo con un espíritu o que Amanda no se irá de mis sueños hasta desquiciarme y lograr que me suicide para que estemos juntos otra vez.